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Jalisco enfrenta un cambio de mando tras el declive del alfarismo

El mapa político de Jalisco vive una transformación profunda con el retorno de grupos tradicionales al poder estatal.

Redacción Última Hora México
Foto: sdpnoticias.com

El escenario político en Jalisco atraviesa una etapa de reconfiguración profunda al cumplirse el primer trimestre del último tramo del sexenio, marcando una transición evidente frente al desgaste del proyecto alfarista. Analistas locales coinciden en que los recientes movimientos en las estructuras de gobierno y las designaciones en cargos clave señalan el fin de una era en la entidad, dando paso a una dinámica donde las familias con trayectoria histórica en la política regional retoman posiciones de influencia.

Este fenómeno de reciclaje político se observa en las secretarías estatales y en las candidaturas para los próximos procesos de renovación municipal, donde figuras vinculadas a las cúpulas tradicionales han vuelto a ocupar espacios estratégicos. El equipo de trabajo de la administración estatal ha optado por integrar perfiles que, aunque conocidos por su militancia de larga data, representan un retorno a las formas de gestión que precedieron a la actual administración, buscando consolidar alianzas que parecían fracturadas tras el ascenso del movimiento naranja.

La pérdida de control del grupo que encabezó la administración en los últimos años ha permitido que sectores políticos, que durante años permanecieron en la periferia del poder, recuperen su capacidad de interlocución y control sobre las políticas públicas. Esta nueva configuración no solo responde a una estrategia de supervivencia electoral, sino también a una renegociación de los equilibrios de poder que definen el rumbo del estado desde Guadalajara hasta las regiones más alejadas de la costa y los altos.

Desde las oficinas de análisis político se observa que esta transición no está exenta de tensiones, pues el reacomodo de piezas ha generado un ambiente de incertidumbre entre los cuadros operativos que llegaron con el alfarismo. Mientras algunos funcionarios intentan mantener su influencia mediante pactos de último momento, los grupos tradicionales han comenzado a establecer sus propias agendas bajo el argumento de recuperar la estabilidad institucional que, a su juicio, se perdió durante la última gestión.

El futuro político de Jalisco parece estar marcado por una reversión hacia las estructuras que dominaron el panorama estatal antes de 2012. Con las piezas moviéndose rápidamente, el estado se prepara para un proceso electoral donde el peso de las dinastías y la herencia política volverán a ser los ejes rectores de la competencia por las alcaldías y las curules en el Congreso local.

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